El placentero vino que cada temporada madura en las bodegas proviene, como las flores a las que va a acompañar en este presente, de la misma tierra de la que todo proviene, y del mismo cielo e idéntica luz que las hace florecer.
A través del paladar, el vino acaricia el corazón y lo enciende; las flores, por medio de la vista y el olfato. Así, ambos aliados se conjuran para ofrecer un regalo que simboliza la alegría de vivir y la plenitud de los sentidos.
Osito de peluche rosa